Vamos a jugar a Londres: el testamento de una generación que desafió la norma
E ste libro es un testimonio de la escena oscura en México, su origen clandestino y su evolución. Una segunda edición que rescata voces, memoria y resistencia en la penumbra.

Hay libros que no solo se leen: se habitan. Vamos a jugar a Londres, en su segunda edición, es uno de ellos. Firmado por José Hernández Riwes Cruz y Macarena Muñoz Ramos —desde la trinchera académica, creativa y musical, pero con la mirada puesta en el abismo— este texto es un testamento lúcido y sombrío sobre cómo el desencanto, el ruido y la otredad moldearon una generación que decidió pintarse de negro en un país que les pedía ser gris.
A lo largo de sus páginas, el lector es arrastrado por un río de voces y memorias que narran el nacimiento de la llamada Escena Oscura en México, esa criatura cultural deforme, bella y rabiosa que brotó entre fanzines fotocopiados, vinilos importados a escondidas y fiestas clandestinas donde se gestaban códigos y rituales ajenos a la lógica nacionalista y al moralismo católico.
Se trata de la escena oscura, del rock mexicano al sur del entonces Distrito Federal, en los ochenta. Sus cimientos se asentaron en bares míticos como el Tutti Frutti, Rockotitlán el LUCC (La Última Carcajada de la Cumbancha) o el Bar 9, espacios donde lo alternativo encontraba refugio en noches teñidas de delineador corrido y ecos de guitarras reverberantes.
Pero el título no es gratuito. Jugar a Londres no solo fue emular los peinados imposibles, los labios carmesí y las chamarras de cuero que llegaban desde la BBC o el Melody Maker; fue, sobre todo, una forma de escapismo radical: un conjuro colectivo contra el tedio y la mediocridad. La capital inglesa funcionó como mito y altar. Desde ahí, una oleada de sonidos oscuros —del post-punk al new wave, del goth al synth-pop— encendió la imaginación de una juventud que, al sur de la capital mexicana, convirtió la influencia en insurrección. Alienados, brillantes, incomprendidos, desafiaron las reglas, usaron la estética como arma política y el arte como refugio. Bandas como The Cure, Siouxsie and the Banshees, Bauhaus y Joy Division no eran solo referencias musicales, sino himnos generacionales que resonaban con su propia alienación cotidiana.
Pero mientras Londres marcaba el rumbo, la escena local se enfrentaba a su propia batalla: la censura, la falta de espacios y la persecución de cualquier expresión ajena a la moral dominante. Y, aun así, en medio de ese entorno hostil, nació una comunidad que transformó lo importado en algo propio, híbrido y maldito. De esas sombras emergieron nombres clave de la escena nacional como Size, El Clan, Santa Sabina, Ansia, La División del Norte, María Bonita y Década 2, entre otros, cuyos sonidos redefinieron el underground en sus distintas formas.
¿Qué incluye esta segunda edición?
Esta segunda edición, corregida y aumentada, suma nuevos testimonios de quienes no solo fueron parte de la escena, sino que la sostuvieron como pilares. Experiencias que enriquecen la narrativa y dan mayor profundidad a ese panorama oscuro que hoy entendemos como génesis cultural.
El precio —220 pesos— es simbólico si consideramos que en estas páginas late un archivo viviente de la historia contracultural de la ciudad. No es un manual ni un catálogo; es un mapa, uno marcado por cicatrices, sudor y tinta.
Además, Vamos a jugar a Londres no solo retrata un pasado radical, sino que también habla de un presente que, a veces, parece olvidar sus raíces. Y es que hoy, la escena oscura brilla (sí, brilla), no solo en festivales internacionales como el Wave-Gotik-Treffen o el M’era Luna en Alemania, sino también en lugares como el Circo Volador, el Centro de Salud y el Centro Cultural El Under. Y, entre otros espacios, en el Magia Negra Festival, donde la música, la literatura y el arte se fusionan bajo luces estroboscópicas y telones negros.
Sin duda alguna, este libro recuerda que su origen fue marginal, incómodo, clandestino... y etéreo.
Así que, si alguna vez te preguntaste de dónde viene el impulso de vestir de negro bajo el sol inclemente de la Ciudad de México, de buscar discos imposibles en el Chopo o de escribir versos sobre la muerte y la decadencia mientras a tu alrededor todos hablan de productividad y éxito, este libro es tu espejo. Ah, y no solo de la capital, porque esa estética y actitud se expandieron rápidamente a otros estados, llevando consigo un espíritu de rebeldía que aún persiste en todo el país.
Léelo. No para recordar. Si no para entender por qué seguimos bailando en la oscuridad.
¿Dónde conseguirlo?
En Venas Rotas Discos (Morelia 77, Colonia Roma), en el Tianguis Cultural del Chopo (Puesto de La Jornada), en Discos Geometría Subterránea, o directamente con los autores vía mensaje en Facebook. Hacen envíos a otros estados.